¿VISITAS O INVASIONES?

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¡Mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!… Porque allí envía Jehová bendición y vida eterna. (Salmos 133:1, 3b)

Una de las formas en que los cristianos habitamos juntos es cuando visitamos a nuestros hermanos, sobre todo si están enfermos, afligidos o en necesidad. Allí confraternizamos, compartimos peticiones y oramos, poniendo en práctica el compañerismo y amor fraternal, con el objetivo de fomentar la armonía dentro del pueblo de Dios, y así glorificar a nuestro Padre Celestial.

Pero debemos tener cuidado, porque, sin querer, las visitas pueden tornarse en invasiones. Si, invasiones a la privacidad, o abusos de la confianza ajena.

Por ejemplo: las visitas excesivas en frecuencia y duración, lejos de ser bendición se vuelven una molestia. Escuchemos lo que dice el Señor: “Detén tu pie de la casa de tu vecino, no sea que hastiado de ti te aborrezca.” (Proverbios 25:17).

Procure estar siempre atento a lo que dicen sus labios, y que la Palabra del Señor esté continuamente en su boca (Proverbios 4:20). Recuerde que las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres (1 Corintios 15:33).

Creemos en un Dios exacto, que responde en el momento en que lo necesitamos. Aprendamos a ser como Él: exactos para dar gozo y alegría cuando estamos visitando, y exactos para saber en qué momento irnos. Evitemos ser inoportunos, como cuando al llegar a una casa vemos que están lavando o realizando cualquier otra labor, y aun así decidimos sentarnos a conversar indefinidamente. O nos quedamos a “hacer tiempo” para realizar después nuestras propias gestiones, sin tener un tema de conversación, y estorbando a los demás.

También causa molestia entrar y sentarse, o pasar para alguna habitación sin ser invitado, y estar husmeando en la pieza. Tomar cosas o pedirlas sin que nos las brinden. ¡Cuidado! Por mucha confianza que se tenga, uno siempre debe esperar a ser invitado y atendido.

Saber guardar nuestro testimonio y el de nuestro hermano es importante, sobre todo cuando él vive en casa ajena. Por eso, hablar en un tono adecuado y prestar atención a sus limitaciones como inquilino agregado es otra actitud a tener en cuenta.

Podemos ser un canal de bendición para él y todos los demás, teniendo presente que el huésped principal en la visita es el Señor Jesucristo y él debe ser el centro de todo lo que hacemos (Proverbios 4:26). Esto nos evitará caer en comentarios nada edificantes, como los chismes y quejas (Proverbios 4:24). No significa que no pueda comentarse sobre un problema específico para orar; pero si no es suyo, debe mantener suma discreción y compartirlo solamente con autorización de la persona afectada. De lo contrario caeríamos en murmuración. Recuerde que la prudencia es cualidad vital en un buen cristiano. Un hermano(a) confiable y discreto(a) muestra que posee madurez espiritual.

Si por necesidad tenemos que pernoctar en casa de alguien, procuremos adaptarnos al modo de vida de los anfitriones, y no impongamos nuestra voluntad. Sometámonos al dueño y ayudemos en todo lo posible, y, por supuesto, avisemos antes de llegar.

Recuerde: La visita hecha en el momento adecuado y durante un tiempo prudencial puede ser de bendición. Las que duran horas y se repiten son todo lo contrario, porque las personas están ocupadas y necesitan administrar su tiempo.

Seamos de bendición y no de queja. Sujetémonos unos a otros.

“El que bendice a su amigo en alta voz, madrugando de mañana, por maldición se le contará.” (Proverbios 27:14)

Por: Bárbara Pérez