SUPERSTICIONES: UNA CÁRCEL SIN REJAS

Las supersticiones son creencias infundadas, inventadas por Satanás para mantener a la gente cautiva y engañada. Los creyentes en esas sandeces viven con miedo, vigilando cada incidente que pueda “desatar” desgracias.

En Cuba son muchas, sobre todo en las zonas rurales. Que si canta una lechuza, alguien va a morir; si sueñas con dientes, también hay muertos; que si un gato negro en la noche, desgracias; un búho de día, peor aún. Si abrimos la sombrilla en la casa, los supersticiosos creen que va a morir el más anciano de la familia. Si te pica un glúteo, cerca de la cadera, también se muere un viejo. ¡Qué manía de que los viejos se mueran! Otros piensan que si dejan caer el paraguas al suelo habrá un asesinato en la familia, y que un sombrero en la cama anuncia mala suerte, al igual que la sal, si cae al piso. A los elefantes de adorno los colocan de espaldas a la puerta, y a los muertos los entierran sin zapatos, para que no salgan… Si te pica una mano, ganas dinero, si pica la otra, lo pierdes. ¡Cuánta tontería!

Muchas madres cubanas les ponen a sus bebés un azabache con los “ojitos” de una tal Santa Lucía, que no sabemos quién es. Ellas creen que eso puede protegerlos, y de paso reprenden a quienes elogian mucho a sus niños, por considerar que eso produce “mal de ojos” y puede hincharlos como sapos. Una herradura detrás de la puerta, un coco seco en un rincón, velas y vasos de agua son otras propuestas del diablo para entretener a las personas, y que estas confíen en la “protección” de esos tarecos, y no en el Dios Vivo.

Por las calles habaneras vemos muchos vehículos con una tira roja atada al tubo de escape o la defensa, como “protección” contra la envidia, los malos ojos y los accidentes, pero si el carro choca, pierde la forma, sin que el dios trapito ayude. Pero no solo en Cuba, sino que en todo el mundo mucha gente vive cautiva de falsas creencias.

Las supersticiones son peligrosas porque son contrarias a lo que enseña la Biblia, atentan contra la tranquilidad de las personas, y porque algunas, en África y otras regiones, pueden costarle la vida y la salud a mucha gente. Por ejemplo, en Sudáfrica, la violación es algo frecuente, y se considera una expresión de hombría. Incluso muchos enfermos de Sida han violado a adolescentes vírgenes porque piensan que esto puede curarlos de la infección.          

Para adivinar y “diagnosticar” dolencias, muchas curanderas en África arrojan huesos; en Cuba tiran los caracoles. En algunas tribus del este africano las mujeres dan a luz en la playa, con el agua hasta la cintura. Luego arrojan la placenta como ofrenda al “dios tiburón”, para agradar a los escualos que merodean por allí, y que estos no devoren a los humanos.

espejo-bwEn Cuba, tener gemelos es bueno: obtienes dos por uno, pero en otras culturas es casi una maldición, por lo que en algunos lugares han dado muerte a uno de los recién nacidos. En África Occidental se interpreta como el nacimiento de dos dioses. Si muere alguno o ambos, se les consagran estatuillas, que son honradas con ofrendas de alimentos.

Los supersticiosos creen que si una escoba se apoya contra la cama, el lecho queda embrujado, barrer de noche atrae brujas, o que romper un espejo trae siete años de mala suerte, y que un balance que se mueve solo, invita a los demonios a sentarse: un sin fin de mentiras y chifladuras.

Ellos piensan igualmente que apagar las velas del cake de cumpleaños hace cumplir un deseo. Es la misma razón por la cual un montón de cubanos de todos los niveles culturales, sociales y hasta políticos, así como turistas extranjeros le dan vueltas a la Ceiba del Templete habanero: para que ese árbol les conceda sus deseos. Si el apóstol Pablo los viera en esa idiotez idolátrica, seguramente diría: ¡Ojalá les diera mareo y se comieran el piso!

Algunos hacen dinero vendiendo “productos de limpieza”, y no estamos hablando del aromatizante pasado por agua, sino de tortugas, cocos, flores y ramitas de vencedor, que muchos cubanos compran presurosos. Ellos no creen o no saben que la purificación que cada humano necesita solo puede ser hecha por la sangre de Jesucristo, que nos limpia de todo pecado y nos protege.

Por: Gretel Heredia