¿ADICCIONES SIN DROGAS?

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La palabra adicción es muy común en nuestros días, y fácilmente se asocia con el alcohol, el tabaco y las drogas ilícitas, pero en verdad abarca mucho más. Es toda inclinación, actividad o conducta que crea dependencia emocional, y le impide a la persona llevar una vida normal y variada. Por ejemplo, la adicción al trabajo, la comida, el sexo, el deporte y los videojuegos, entre otras, si bien esto no quiere decir que si nos gusta el fútbol entonces somos adictos al deporte. Es normal que nos gusten los videojuegos o la música, la lectura, algún plato específico, incluso que trabajemos mucho, y esto no nos hace adictos, siempre y cuando estas cosas no se vuelvan el centro de nuestra vida, de modo que descuidemos las demás áreas, responsabilidades, familia, y, sobre todo, nuestra relación con Dios.
En estos tiempos de vertiginoso avance de las tecnologías, muchos niños y jóvenes dejan de socializar, y prefieren aislarse en casa ante una computadora u otro equipo que contenga videojuegos. Así pasan horas cada día, al punto de que terminan adictos al juego o entretenimiento, lo que los especialistas llaman ludopatía. En algunos casos esto puede ser causado por la soledad, la falta de orientación y atención de la familia, o a carencias afectivas. La ludopatía es peligrosa, ya que puede provocar desinterés por cualquier otra actividad, pérdida de apetito, desórdenes psicológicos, aislamiento e irritabilidad en el carácter, así como violencia, imitada a veces de los mismos juegos. Los muchachos ludópatas suelen rechazar la escuela, ayudar a sus padres y cualquier otra responsabilidad.

En los adultos, sobre todo las mujeres, también existe la adicción al entretenimiento, sobre todo a la televisión. No es malo disfrutar de los programas, pero no debemos permitir que estos nos atrapen, incluso al punto de desatender a la familia y los quehaceres de la casa por ver la novela (Proverbios 14:1).
Es por ello que todo tiene que realizarse correctamente, con orden y medida, para que ninguna adicción gobierne nuestra vida. La mejor receta está en la Biblia: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora” (Eclesiastés 3:1). Es decir, hay tiempo para jugar y divertirse, pero también para trabajar, estudiar, ayudar a nuestra familia, y, sobre todas las cosas, para servir a Dios.
Una adicción muy sutil es el celular. Muchos hermanos lo llevan a la iglesia con el argumento de que contiene la Biblia digital, pero en realidad están atentos a cualquier llamada o mensaje que reciben, mientras el pastor predica o una hermana está orando. En algunos casos, el teléfono se ha vuelto un apéndice de su cuerpo: no pueden vivir sin él. A veces toda la familia está en la sala, y no conversan: cada uno trastea su celular.
Entonces, la adicción no siempre tiene que ver con las drogas ilícitas, el tabaco o el alcohol; posee muchos rostros, y todos son peligrosos, porque además nos vuelven idólatras: el Dios Verdadero es sustituido por una consola de videojuegos, la obsesión por la comida o cualquier otra cosa perecedera, y esto ofende al Señor y nos aleja de los propósitos divinos.

Por: Bárbara Pérez