¿POR QUÉ JESÚS NOS MANDÓ A DISCIPULAR?

Puddiscipulosiéramos contestar esta pregunta de manera muy sucinta o superlativamente dilucidada. Pudiéramos solo decir: Jesús viene a salvar y para esto hay que discipular o esgrimir exhaustiva lista de argumentos. Es cierto que el discipulado es para salvar, pero es una disciplina integradora; es para los salvados y también para los que necesitan salvación; es para conversión y también para crecimiento. Una vez que somos discípulos, nunca debemos dejar el discipulado, el cual no acaba. Jesús nos manda a discipular por muchas razones. En Mateo 8:18-27 encontramos algunas de ellas.

1. Ser un seguidor de Jesús tiene un costo.
“Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vaya.”

Al apreciar el contexto precedente, sobresale el poder de las palabras y hechos de Jesús. Es de imaginar que quizá ese escriba fue un espectador que quedó atrapado por la oratoria de singularidad cautivante y la exhibición de poder en las sanidades sin paralelo que el Maestro realizaba. De tal manera fue tocado, que expresó a Jesús que estaba dispuesto a seguirle. No olvidemos que un escriba es alguien que milita entre los grupos más hostiles a Jesús. Esto nos recuerda a un pastor que expresó: “Muchos frente al llamado del predicador levantan la mano asintiendo, luego levantan el pie y nunca más los vemos”. Estos son aquellos que no han entendido el evangelio. Muchas personas pueden quedar impresionadas por las manifestaciones externas y ocasionales que exhibe el evangelio. Quedan cautivadas por los cultos, los cantos, la gracia y bondad de algunos cristianos, posiblemente recibieron algún beneficio temporal del evangelio, o sencillamente están emocionados por algo que les ha acontecido y dicen: “Sí, quiero a Jesús, quiero seguirle”. El discipulado es evangelismo y también seguimiento; es al principio, en el medio y también al final. Este hombre necesitó orientación ¿Qué es seguir a Jesús?
El Señor nos manda a discipular porque esta disciplina evangélica es instrumento esclarecedor. En el mismo comienzo, el Señor discipula diciendo al escriba lo que implica ser seguidor: “Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recostar su cabeza”. El escriba ha hecho una valoración muy superficial de Jesús y lo que es seguirle; él valoró el momento pero no toda la carrera, El comentarista W. Hendriksen dice al respecto: “… no había lugar para él en el mesón… A medida que transcurre la historia, Judea lo rechaza (Jn. 5:18), Galilea lo expulsa (Lu. 4:29), Gadara le ruega que deje su distrito (Mt. 8:34), Samaria le niega el hospedaje (Lc. 9:53), la tierra no quiere tenerlo (Mt. 27:23), y finalmente aun el cielo lo abandona (Mt. 27:46).”  Las zorras y las aves son presentadas por Jesús como superiores en privilegios a los que tiene él como Hijo del hombre.

2. El llamado a seguirle es apremiante.
“Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre.”

No podemos afirmar hasta qué punto este joven era un verdadero discípulo, pero suponiendo que lo fuera, descubrimos mucha morosidad, quiere aplazar lo que Jesús dice. El discipulado es consagración también y muchos pretendidos discípulos aplazan su entrega, su avance espiritual. Una evidencia de ser discípulo es el avance. Jesús nos manda a discipular porque hay necesidad urgente de consagración. El discipulado nos estimula a crecer para ser usados. Algunos piensan que basta con estar convertido, pero ¿y qué del crecimiento? La Biblia habla de la conversión como Nuevo Nacimiento, quiere decir que es solo el comienzo, solo somos niños en la conversión y necesitamos ir a la adultez espiritual. Se puede estropear el avance por algún plan alternativo al de Dios, o por algún pecado que no abandonamos. Este joven dice: “Deja que primero entierre a mi padre” ¿Qué puede estar diciendo la gente de nuestras iglesias que bloquea la urgencia de seguir a Jesús? Debemos discipular mostrando la premura de seguir a Jesús sin reservas y ahora. No posterguemos nuestra prosperidad espiritual. El Señor quiere que entremos en las barcas de la santidad, del ministerio y del avance espiritual, y esto de manera urgente. David Wilkerson contó cómo quedó marcado por la diligencia y urgencia de policías que corrían hacia las torres gemelas, mientras otros corrían en la dirección contraria, cuando estas caían. Él exclama: ¡Oh Jesús, no permitas que sea menor mi sentido de responsabilidad por tu reino! El llamado a ser discípulo y a discipular es urgente.

3. Por las vivencias y realidades que nos acompañarían. Es muy interesante que después de dos malos ejemplos de supuestos modelos de discípulos, encontremos las palabras:
“Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron.

No estaba allí el escriba, ni tampoco el joven indeciso y adormecido. Allí estaban los que iban a entrar en la carrera con el Señor, conscientes del costo y sin dilaciones. Algunos han pensado que el discipulado es dar algunas clases y ya, pero realmente el discipulado es acompañar, mostrando nuestras experiencias. En este pasaje Jesús está discipulando, no a través de un discurso o clase, sino de la vida misma. Jesús no los manda, sino que va con ellos. Tampoco Jesús se va solo, sino que los asiste. Jesús nos manda a discipular con vivencias porque los hechos valen más que mil palabras y porque el mundo está lleno de mensajes lindos pero de poca experiencia real que coordina con los mensajes lindos. La realidad en la que Jesús se propone dar el discipulado es un contexto hostil. La Biblia nos narra un mar encrespado que amenazaba la vida de los discípulos. La vida cristiana está acompañada y enfrentada por tempestades. Ser discípulo implica luchas, sufrimiento. Jesús hizo alusión al que quería ser discípulo y dijo que debía tomar la cruz y seguirle ¿Qué es la cruz? No pueden ser las dificultades frecuentes de la vida que aun los que no tienen al Señor experimentan, porque entonces el mundo entero tiene la cruz encima. Sin lugar a dudas son las luchas por causa del evangelio.

4.  Jesús nos manda a discipular porque hay duras realidades en las cuales debemos granjearnos el respeto de los que no conocen a Cristo. En medio de esas realidades, Jesús enseña que se puede disfrutar de la paz divina:
“…Las olas cubrían la barca; pero él dormía.”

Jesús nos enseña en la escuela del discipulado que cualquiera sea nuestro contexto podemos disfrutar de la paz del Cielo. La tormenta no está allí para hundirnos, sino para ejercitarnos en la paz. El discipulado, además, es un estímulo a la fe. Si bien es cierto que la fe pequeña mueve montañas, también es real que el Señor aspira a que crezcamos en la fe (Ef. 4:13). La tormenta igualmente existe para ejercitarnos en la fe. Jesús les dijo: “¿Por qué teméis, hombres de poca fe?”. Por último, Jesús nos manda a discipular porque el verdadero discipulado provoca que conozcamos más al Señor, algo que los discípulos necesitaban más y más. La historia termina con una interrogante: “Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen”. La vida cristiana es un continuo conocer a Jesús.

Entonces, discipulemos conscientes del potencial que tiene este mandato lleno de sabiduría, y mientras somos nosotros mismos discípulos. El llamado del Señor es a presentar un evangelio puro que tiene un alto costo, pero que también tiene futuro. Esta situación está escaseando en nuestros días, cuando el evangelio falso no habla de costos, sino solo de prosperidad y bienestar. Procuremos presentar este evangelio en toda su urgencia; hagamos el mismo llamado del Señor con toda premura; hoy es el día para convertirse y también para escalar un peldaño más en la vida cristiana. Obedezcamos este llamado en los contextos difíciles, porque allí hay oportunidades de crecimiento.   

Por: Pbro. Orlando Manso