DIOS EN TRES PERSONAS, BENDITA TRINIDAD

La Trinidad es, sin lugar a dudas, uno de los temas más complejos de la teología cristiana. ¿A quién se le habría ocurrido una idea como esta? A nadie. De hecho, este es uno de los argumentos más fuertes a favor de la autenticidad de esta enseñanza. La Trinidad no es una invención de un teólogo creativo o de un grupo de personas que estaban especulando hasta la saciedad, sino una doctrina revelada sobrenaturalmente por Dios en Su Palabra, un misterio (verdad antes oculta, pero que ahora nos ha sido revelada).

Se ha objetado esta doctrina arguyendo que la palabra “Trinidad” no aparece en la Biblia (aunque tendríamos que negar también la doctrina de la Biblia si seguimos esta lógica). Ciertamente, al parecer fue Tertuliano el primero en utilizar el término por el año 215 d.C. Sin embargo, podemos responder a esta objeción diciendo que este vocablo no describe una sola verdad bíblica, sino que representa la armonización de al menos tres verdades o proposiciones que podemos apreciar con claridad meridana en toda la Escritura, las cuáles serán expuestas a continuación:

1. Solo existe un Dios verdadero.
La Biblia enseña enfática e indiscutiblemente esta verdad (Deum. 4:35; Is.46:9; 1Cor.8:4; Stgo.2:19; 1Tim.2:5; Jn.17:3). Un texto sumamente importante es el conocido como Shemá, o declaración de fe del judaísmo (Deut.6:4). Este pasaje ha sido repetido por los judíos ortodoxos tres veces al día por muchas generaciones. Una y otra vez se escucha el: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.” Nada es más esencial para el pueblo judío. Pero debemos ser conscientes de que el término hebreo del que se traduce “uno” puede hacer referencia a una unidad compuesta (u orgánica), y no necesariamente a una unidad aritmética absoluta. Es el mismo vocablo que se utiliza en Gn.2:24, para expresar que el hombre se unirá a su mujer y serán “una” sola carne.
La unicidad de Dios niega la idea de que hay tres dioses (triteísmo). Los cristianos somos monoteístas porque, en armonía con la Biblia, creemos que solo hay un Dios verdadero. Sin embargo…

2. Hay tres personas a las que, con aprobación, la Escritura les llama Dios.
Nadie discute la divinidad del Padre, pero también la Biblia nos dice explícitamente que el Hijo y el Espíritu Santo son Dios.
Al Hijo se le llama directamente Dios (Is.9:6; Jn.1:1; 5:18; 10:30; 14:8-11; 20:28; Ro.9:5; Filp.2:6; Tit.2:13; Heb.1:8; 1Jn.5:20). Además, posee atributos exclusivos de la divinidad: Omnipresencia (Mt.18:20; 28:20), omnisciencia (Jn.16:30,31), eternidad (Miq.5:2). Solo Dios puede salvar (Is.43:11 y Mt.1:21) y solo Dios recibe adoración (Mt.4:10; Ap.22:8,9; Jn.9:38; Mt.14:33).

En Hch.5:3,4 y 1Cor.3:16 encontramos una identificación absoluta entre el Espíritu Santo y Dios. También vemos tal identificación con Jesús en Jn.14:16-18. Además, se nos revela que, al igual que el Hijo, el Espíritu Santo posee atributos que son exclusivos de la deidad, tales como la eternidad (Heb.9:14), la omnisciencia (1Cor.2:10) y la omnipresencia (Sal.139:7-12). Por otra parte, es importante aclarar que la tercera persona de la Trinidad no es una fuerza o una actividad divina, sino una persona que posee las características que lo distinguen como tal: pensamiento (1Cor.2:10,11), sentimiento (Ef.4:30), voluntad (1Cor.12:11), convence (Jn.16:8), guía (Jn.16:13), habla (Hch.13:2), enseña y recuerda (Jn.14:26).

3. Estas tres personas son diferenciables, pero constituyen un solo Ser.
Pasajes trinitarios: 1Cor.12:4-6; 2Cor.13:14; Ef.4:4-6; 1Ped.1:2; Jud.20,21. Las tres personas se presentan juntas, en igualdad, incluso ordenadas de manera diferente de un pasaje a otro.
En el bautismo de Jesús vemos a las tres personas expresándose simultáneamente (Mt.3:16,17).Esto niega la idea de que hay un solo Dios que se manifiesta sucesivamente como Padre, como Hijo o como Espíritu Santo, en dependencia de las circunstancias (modalismo). En la Gran Comisión se nos instruye a bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Esto nos muestra que no son tres nombres, sino tres personas que tienen un nombre, porque es un solo ser. Por tanto, podemos resumir diciendo, con nuestra declaración de fe, que: “En la unidad de la divinidad existen tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, iguales cada una en su divina perfección…”.

Esta doctrina ha sido criticada por varias religiones fuera del cristianismo (como el judaísmo y el Islam), por algunos grupos minoritarios dentro del cristianismo (como los llamados “Testigos de Jehová” y los “Unitarios”) y por aquellos que no profesan religión alguna. Así que, se concluye que la Trinidad es una doctrina distintiva del cristianismo ortodoxo, y que se sostiene solo en virtud de la aceptación sin reservas de lo que Dios ha revelado. Esta enseñanza quedó formulada de manera definitiva en el Concilio de Constantinopla (381 d.C.), donde se registró explícitamente lo que la iglesia había mantenido de manera implícita acerca de este particular.

Muchos han tratado de encontrar analogías para ilustrar la Trinidad, pero ninguna ha sido completamente satisfactoria, porque no hay nada en este mundo que sea exactamente igual a nuestro Dios. Es loable el deseo de entender mejor la Trinidad, porque todos queremos conocer mejor a ese Dios tan grande que nos ha amado, salvado y a quien llamamos Padre; pero no podemos olvidar que nuestra responsabilidad no es entender la Trinidad, sino aceptarla tal y como se nos ha revelado en la Escritura. ¿Cómo puede una mente finita aprehender lo que es infinito? ¿Cómo pretender abarcar el océano en nuestras manos? Recordemos la advertencia acerca de esta doctrina: “Trata de entenderla y perderás la cabeza; pero trata de negarla y perderás el alma.”

Por: Pbro. Bárbaro Abel Marrero