TEMAS MEDULARES DE LA CARTA A LOS ROMANOS

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“(…)Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros…”

Romanos  8:3-4

Si tuviese que huir de un edificio en llamas y solo pudiese salvar un libro de la Biblia, sería Romanos. Es mi favorito.

La carta de Pablo a la Iglesia en Roma tenía como objetivo enseñar las verdades de la fe cristiana a una congregación que no había recibido instrucción de parte de un apóstol.  

El tema fundamental de esta carta es la justificación por fe. Pablo, inspirado por Dios, pone énfasis en la idea de que somos reconciliados por Dios cuando la justicia de Cristo se aplica a nuestras vidas. Esta justicia se alcanza cuando ponemos nuestra fe en Cristo Jesús (Rom. 3:30) y es un regalo inmerecido (3:24).

Los primeros capítulos de Romanos (1-3) muestran a Pablo llevando un caso judicial contra la humanidad. La conclusión del apóstol es que tanto judíos como gentiles están bajo pecado (3:1-9) y necesitan desesperadamente la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo (3:22a).

¡Cuán bien les haría a los predicadores modernos seguir el ejemplo de Pablo! El Evangelio solo puede ser entendido cuando se explican primero las malas noticias del pecado. El Evangelio lleva pecadores al cielo cuando les muestra a estos la necesidad de arrepentirse de su rebeldía. La evangelización moderna, con su prédica de Dios te va a dar una vida maravillosa, o Él tiene grandes planes para ti, produce una membresía con pocos conversos. Ningún cristiano en el Nuevo Testamento predicó este tipo solapado de humanismo. Nadie se atrevió a ofrecerles a judíos o gentiles lo mismo que ofrecían los sacerdotes del paganismo: una mejor vida ahora, en un sentido amplio y metafórico.

Ciertamente, Dios tiene grandes planes y promete vida eterna y abundante para sus hijos. Pero esas frases son metáforas para expresar realidades precisas contenidas en la Escritura. ¿Cuáles son los grandes planes? ¿En qué consiste esa mejor vida? Muchos se espantarían si se les dijera que los grandes planes involucran nuestra transformación en siervos (léase esclavos) de Dios y que la mejor vida incluye el morir a nosotros mismos y sacrificar nuestro tiempo y posesiones. Quizás el que predica entiende esto, pero el inconverso que escucha le dará a la metáfora el significado que existe en su mente, de suerte que la frase mejor vida tendrá tantos significados como oyentes haya. Por eso es mejor sustituir la metáfora por el contenido explícito de la Palabra.

La doctrina de la justificación sólo por fe es un pilar del cristianismo, por lo que ha sido víctima de numerosos ataques a lo largo de la historia. El inicio espiritual de la Reforma fue el rescate de esta doctrina. La salvación por obras, la idea de que podemos merecer o alcanzar nuestra propia salvación, debe ser repudiada hoy como lo fue ayer como una de las más letales herejías.

Otra enseñanza cardinal en el libro de Romanos es la soberanía de Dios (8-9). Durante casi dos milenios se ha interrogado la mente cristiana sobre el significado de esta doctrina. Creo que, básicamente, la Biblia enseña que Dios tiene bajo control a su creación. En esto casi todos concordamos. La disensión comienza cuando debatimos la forma en que Dios ejerce esta soberanía. Dejemos a un lado por ahora el debate teológico y hablemos sobre la aplicación práctica de esta creencia.

El hecho de que Dios está en control de todo lo que pasa es una noción dura de tragar cuando nos enfrentamos a la muerte, el cáncer, los accidentes o la mala suerte que parecen tener algunos hijos de Dios. ¿Cómo un Dios bueno puede permitir esto? Ante esta aparente disyuntiva a veces preferimos quedarnos con el Dios bueno y privarle de su soberanía. Dios es bueno, si él tuviera el control, estas cosas malas no ocurrirían, pero debido a que ocurren, Dios no tiene el control. Pero esto no es lo que Romanos enseña. Romanos enseña que Dios es bueno, tiene el control y todo lo que ocurre ayuda a nuestro bien (8:28-39).

Mi esposa es un ejemplo de cómo esta doctrina nos afecta en la vida diaria. Habiendo perdido a su padre de forma repentina y teniendo a su madre batallando contra el cáncer, sabemos lo que es cuestionar la soberanía de Dios. Pero hemos entendido que, al final del día, solo un Dios poderoso, amoroso y con un plan ofrece consuelo y es digno de ser adorado: nuestro Dios. La Biblia enseña que en medio del aparente caos hay un plan, que detrás de la ilusión de anarquía está Jesucristo controlando todo. Un Dios todopoderoso que se inclina ante las contingencias de su creación no sería tal Dios. Si Dios no estuviera en control, Él sería pantano en vez de roca.

En el hospital, esperando mientras mi suegra entraba al salón de operaciones, lloramos de miedo pero confiamos en Jesús. No hay caos ni desorden. Solo existen caminos mayores que nuestros caminos, razones que nuestra mente no entiende, y el sufrimiento traído a este mundo por el pecado. Hay llanto y dolor cuando la fatalidad llega, pero sabiendo que Él está en control nos derrumbamos en sus brazos.

Pronto, en Sion, Él derrotará a la muerte, enjugará nuestras lágrimas y nos hará banquete con los vinos escogidos y las mejores carnes (Isaías 25:6-8). Allí entenderemos la sabiduría de Dios y lloraremos de gozo al ver que nunca, nunca dejó de cuidarnos.

Por: Julio Rojas