SEÑALES DE UN VERDADERO DISCÍPULO DE CRISTO

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Pbro. Abdiel Morfa Cabrera
Decano académico del STBH

 

En el ámbito cristiano actual encontramos comúnmente el error de pensar que una serie de lecciones que el nuevo creyente recibe, a lo cual llamamos discipulado, garantiza automáticamente un verdadero discípulo de Cristo. Estos materiales son herramientas útiles para orientar bíblicamente a los que comienzan en el camino del Señor, pero no son una “fórmula mágica” para transformar las vidas de los mismos. Por esta razón, debemos respondernos la pregunta clave: ¿Quién es un verdadero discípulo de Cristo? A través de las enseñanzas de Jesús podemos descubrir tres señales que distinguen a sus verdaderos discípulos en todos los tiempos y lugares:

 

Un verdadero discípulo es un seguidor enteramente comprometido con el Maestro (Lc. 5:11; 9:57-62; Ap. 14:4).

El autor Juan Carlos Ortiz, en su libro “Discípulo”, afirma: “Un discípulo es uno que sigue a Jesucristo. Sin embargo, el hecho de ser llamados cristianos no significa necesariamente que seamos sus discípulos…seguir a Cristo es reconocerle como Señor; es servirle como un esclavo sirve a su amo”[1]. Precisamente el término griego que usó Jesús para referirse a sus seguidores es “dulos” que significa “esclavo o siervo”, para referirse a alguien que sirve incondicionalmente a su Señor. En otras palabras, un verdadero discípulo sostiene entre sus principales valores la lealtad absoluta a Cristo, la cual se manifiesta en la práctica en una obediencia incondicional solamente a Él (Mt. 6:24; Lc. 6:46). Un ejemplo clásico de esta verdad lo constituye la categórica respuesta que los cristianos del primer siglo daban a los soldados romanos diciendo: “No, sólo Jesucristo es el Señor” (cuando estos querían obligarles a saludar diciendo “Sí, Cesar es el Señor”). Esta valiente actitud les costó la vida a muchísimos creyentes fieles de esa época. Por esta razón, antes de dedicarnos a hacer discípulos debemos preguntarnos: ¿soy yo un discípulo enteramente comprometido con Cristo? ¿Estoy siendo absolutamente leal a Él?

 

Un verdadero discípulo es un seguidor que pasa tiempo con el Maestro y le sirve obedientemente (Mr. 3:13-14)

Marcos nos dice en este pasaje: “Después subió al monte, y llamó a sí a los que Él quiso; y vinieron a Él. Y estableció a doce, para que estuviesen con Él…”. Es decir, que un discípulo de Cristo es alguien que dedica el mayor tiempo posible para estar en comunión profunda con su Maestro; disfrutando de su presencia, rindiéndole la honra que Él merece y aprendiendo a sus pies sus incomparables enseñanzas. Algo muy común en nuestros tiempos es confundir el activismo eclesiástico con la vida espiritual. O sea, que alguien puede participar en todas las buenas actividades que ofrece la iglesia y no ser un buen discípulo de Jesús porque no está pasando tiempo con Él (Jn. 15:4-8). El pasaje continúa diciendo: “…y para enviarlo a predicar”. Esto nos recuerda que un verdadero discípulo sirve obedientemente cumpliendo la misión que le encomienda su Señor. Por tal razón, no podemos trabajar en la obra de Dios motivados por recompensas humanas, aplausos de la multitud o la realización de sueños personales. El verdadero discípulo trabaja para su Señor y no espera nada a cambio de parte de los hombres (Lc. 6:35-36; Col. 3:23-24).

 

Un verdadero discípulo es un seguidor que cumple las demandas que establece el Maestro (Mt. 16:21-27).

Jesús expresó claramente: Si alguno quiere venir en pos de mí niéguese a sí mismo”. Uno de los “dioses” del mundo moderno lleva por nombre “satisfacción personal”. En la actualidad, muchos han puesto como el centro y objetivo principal de su vida quedar completamente satisfechos en sus gustos, antojos y sueños, por lo que cada día hay menos que quieran negarse a sí mismo (desplazar el yo) para dejar que Cristo gobierne sus vidas. Negarse a uno mismo es sustituir la satisfacción personal por la obediencia, por hacer la voluntad de Dios a pesar de cualquier costo (Lc. 14:28-30; Mt. 10:32-39), imitar a nuestro Señor Jesucristo (Fil. 2:5-11) y la actitud del apóstol Pablo (Fil. 1:21; 3:7-9; Gá. 2:20). El pasaje continúa diciendo: “Tome su cruz, y sígame. Ello representa el sacrificio, la entrega y la disposición a sufrir por amor a Dios y al prójimo. El autor Charles R. Swindoll plantea: “El tema aquí es la entrega: una consagración absoluta por parte de aquellos que quieren convertirse en discípulos… los que quieren ser sus discípulos sustituyen sus propios objetivos y aspiraciones egoístas por el deseo de Dios para ellos”.[2]

 

Teniendo en mente lo que es un verdadero discípulo según las enseñanzas de Cristo, cumplamos la misión de hacer discípulos totalmente comprometidos y obedientes. Amén.

 

[1]Juan Carlos Ortiz, Discípulo (Caparra Terrace, Puerto Rico: Editorial Betania, 1978): 9.

[2] Charles R. Swindoll, Afirme sus Valores (Minneapolis, E.U.A: Editorial Betania, 1987): 106.